
Las sorpresas bolañescas llegaron esta navidad.
Es increíble lo que se puede conseguir cuando se le pone color a una relación: que llegue envuelto de papel sobrio y cinta dorada 2666 de Bolaño.
Este escritor que llegó una tarde cuando Carola Zúñiga lo confundió con Chespirito y fue la hazmerreír del 2003 (entre otras locuras estilo: Juan Pablo II para perpetuar la especie humana)
¿Entonces quién fue este sujeto?
El mismo que se avecindó en mi ciudad (Los Ángeles) y aun existen Bolaños en ella.
Luego llegó Los Detectives Salvajes en un estante de la Biblioteca Municipal y el mundo cambió de giro.
Tres veces leído y aun encuentro cosas extrañas, que se habían escondido en sus páginas llenas de sabores y olores.
Y ahora el boom. 2666 como el mejor libro de los últimos años y cosas por el estilo, conexiones e hipertexto como magna creación.
Abrí el regalo (que debo reconocer no lo esperaba realmente) y el volumen me estremeció por completo.
Ahora me declaro un bolañista (casi como un Archimboldiano) en busca de algo.
Este desgraciado (Bolaño) es capaz de cambiar los gustos literarios más acérrimos, y sumergirnos en sus ideas hasta bautizarnos y hacernos conversos confesos de su religión, cuyo texto sagrado se apilan en volúmenes de su propia pluma y dioses como Ulises Lima, Arturo Belano y Benno Von Archimboldi.
Navidad tendrá un nuevo significado para mí. Porque el único regalo que recibí (cada año desde que tengo recuerdo, han ido bajando peligrosamente la cuota de regalos) ha sido el mejor.
Ahora no sé si ser un escritor salvaje como los dioses de su mundo, o un eterno buscador de ellos. (Laico o monje) Tendré que decidirlo camino al norte.
Es increíble lo que se puede conseguir cuando se le pone color a una relación: que llegue envuelto de papel sobrio y cinta dorada 2666 de Bolaño.
Este escritor que llegó una tarde cuando Carola Zúñiga lo confundió con Chespirito y fue la hazmerreír del 2003 (entre otras locuras estilo: Juan Pablo II para perpetuar la especie humana)
¿Entonces quién fue este sujeto?
El mismo que se avecindó en mi ciudad (Los Ángeles) y aun existen Bolaños en ella.
Luego llegó Los Detectives Salvajes en un estante de la Biblioteca Municipal y el mundo cambió de giro.
Tres veces leído y aun encuentro cosas extrañas, que se habían escondido en sus páginas llenas de sabores y olores.
Y ahora el boom. 2666 como el mejor libro de los últimos años y cosas por el estilo, conexiones e hipertexto como magna creación.
Abrí el regalo (que debo reconocer no lo esperaba realmente) y el volumen me estremeció por completo.
Ahora me declaro un bolañista (casi como un Archimboldiano) en busca de algo.
Este desgraciado (Bolaño) es capaz de cambiar los gustos literarios más acérrimos, y sumergirnos en sus ideas hasta bautizarnos y hacernos conversos confesos de su religión, cuyo texto sagrado se apilan en volúmenes de su propia pluma y dioses como Ulises Lima, Arturo Belano y Benno Von Archimboldi.
Navidad tendrá un nuevo significado para mí. Porque el único regalo que recibí (cada año desde que tengo recuerdo, han ido bajando peligrosamente la cuota de regalos) ha sido el mejor.
Ahora no sé si ser un escritor salvaje como los dioses de su mundo, o un eterno buscador de ellos. (Laico o monje) Tendré que decidirlo camino al norte.